¿Y ahora, qué hacemos con el pueblo?

Cuesta mucho llegar a saber un poco de cualquier cosa, cuesta más saber que no se sabe tanto como uno cree saber.

En 2014 se puesieron en marcha una serie de actuaciones en el Casco Histórico del pueblo de Biar (Alicante). No se pueden llamar rehabilitación porque esta palabra indica devolver algo a su antiguo estado, y no se hazo así. Rehaciendo, pues tampoco, porque esto tiene que ver con algo roto y deteriorado que se vuelve a poner en uso, y no, no estaban así las calles que sobre las que se actuó.

Quizá lo que se hizo es redecorar, es decir, se intentó adornar las calles de forma que parezcan algo que no eran. Se intentó hermosear creyendo que su nueva forma será más atractiva, más del gusto actual.

¿A quién va destinada entonces esta actuación? ¿A los visitantes y turistas?

Y ¿qué es más del gusto actual?, la idea que se tiene sobre las cosas a través de las imágenes, o la cosa real. Desde la aparición de la fotografía y el cine el hombre ha tenido una percepción del mundo basada más en las imágenes o representaciones que en su confrontación personal con lo real.

Todos hemos visto imágenes de Nueva York, y muchos de los que la visitan sienten cierto desasosiego al comprobar que la realidad de esta ciudad no es totalmente lo que esperaban. Y en general, el turista se dedica a buscar y ver lo que el cine le había puesto en mente, se convierte en un cazador de vistas, y su grado de satisfacción con el viaje se contabiliza con el porcentaje de lo que se ha visto en relación a lo que se esperaba ver.

Es un mecanismo similar el que actúa con las expectativas que se crean en las visitas a los pequeños enclaves rurales. En el caso de Biar, es un pueblo que históricamente ha estado en la frontera, que tiene castillo en lo alto; casco histórico en el que el trazado urbano sigue la orografía y mantiene el aire medieval; con una altitud elevada y rodeado de monte, y todo ello hace que la imagen que espera el turista ocasional esté prefigurada.

Y realmente ¿qué espera el turista?, sabemos cómo ha de ser la imagen que satisfaría al foráneo, en definitiva, ésta dependería de su procedencia, de su edad y de su nivel cultural.

Pero la pregunta correcta sería si debemos cambiar la fisonomía de un pueblo para adecuarla a las expectativas del turista ocasional.

Esto parece ser lo que guía esta actuación en el pueblo.

Existe una Guía para la evaluación de las políticas culturales locales elaborada por la Federación de Española de Municipios y Provincias (FEMP), se presentó en el año 2009 y pretendía marcar los indicadores para medir la rentabilidad de las actuaciones culturales por parte de las administraciones locales. El factor fundamental que marca el estudio es “La cultura como factor de desarrollo económico, social y territorial”. Las variables que se utilizan para medir la incidencia de lo invertido en cultura en el desarrollo económico serían, por un lado lo que se denominan variables “duras”:

  • Valor de la producción aportada por las actividades económicas culturales ligada a la creación, producción, distribución y consumo de bienes y servicios culturales.
  • Empleo generado de forma directa por la actividad económica cultural y su efecto multiplicador en la economía a través de la renta.
  • Efectos indirectos de la cultura en otros sectores, como por ejemplo, el turismo cultural.
  • Exportación de bienes y servicios culturales producidos localmente.

He remarcado el concepto turismo cultural porque últimamente está omnipresente en todos los discursos sobre políticas culturales, en todos los estudios sobre sostenibilidad y de desarrollo local, y se ha convertido en la “gran esperanza blanca” de muchos municipios.

Las otras variables que se manejan son las llamadas “blandas”:

  • Valores culturales como la flexibilidad, iniciativa y emprendizaje para la generación de nuevo empleo.
  • Creatividad como componente de la innovación: nueva ventaja competitiva empresarial.
  • Estetización de la sociedad como factor que influye en las decisiones de localización e inversión empresariales: visibilidad e imagen, atracción de talento, etc.
  • Capacidades y habilidades de la formación cultural al servicio de otros sectores económicos.
  • Nuevos valores (responsabilidad, sostenibilidad, etc.), que influyen en las pautas de consumo de la sociedad.

Es decir, la cultura sirviendo otro fin que no es el que se le supone. La definición de cultura tiene dos acepciones principales: “Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico” y “Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.”.

Cuanto más profundizas en la lectura del la citada Guía para la evaluación…, más te convences de que estas definiciones de cultura no importaron en su redacción. Lo que se ha pretendido, y se ha conseguido, es remarcar la idea de que la cultura ha de ser rentable, que se ha de rentabilizar el patrimonio cultural, que se ha de hacer minimizando la inversión y maximizando los beneficios.

Esta percepción de la cultura es común a la casi totalidad del sector político. Y parecen convencidos de que el resto de la ciudadanía ha de ser de la misma opinión, y que aquellos que no participan de ello han de ser denostados, y sobre todo acallados.

El patrimonio, que tiene una clara connotación material y económica, cuando es cultural, histórico, artístico y social, es una herencia de nuestros antepasados, es algo que se ha de recibir, cuidar, mantener, acrecentar y trasmitir a nuestra descendencia. En definitiva es una gran responsabilidad. Gestionar un patrimonio no es sencillo, es necesario que sea administrado por personas que técnica y científicamente estén formadas para ello. Pero cualquier ciudadano también es responsable, y en ningún caso debe ceder esta responsabilidad por completo a sus representantes políticos, cada individuo somos custodios del bien común, y como tal tenemos deberes que nos mueven a preservarlo de la mejor manera posible.

Y, ¿qué hacer cuando crees que el patrimonio está siendo maltratado?, y sobre todo cuando lo está siendo por aquellos a los que has elegido para que en tu representación lo conserven.

En el Barómetro del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas – Ministerio de Presidencia), que es la encuesta que el estado hace a sus ciudadanos para saber cuál es su percepción sobre el país, cuando se pregunta por cuales son los “problemas de los españoles” la segunda opción es “La corrupción y el fraude” y la cuarta “Los políticos, los partidos y la política”, ¿son estos también los problemas del patrimonio cultural?

Con matices, creo que sí. Por un lado “La corrupción y el fraude” está detrás de la falta de medios económicos para aquellas áreas de la sociedad consideradas no rentables: sanidad, educación y cultura. ¿Sabemos cuánto es el total de lo que se ha defraudado en corruptelas en la Comunidad Valenciana? Sanidad, educación y cultura han sufrido los mayores recortes presupuestarios con excusas como que ese dinero se debía dedicar a: rebajar el déficit, pagar los intereses de la deuda o reflotar el sistema financiero. Y esto nos lleva al cuarto de los problemas de los españoles: “Los políticos”, que han sido quienes con su impericia en general, y en otros casos con su corrupción, han creado el déficit, han generado la deuda y no supieron controlar los desmanes del sistema financiero.

Las administraciones locales, como es el caso del ayuntamiento de Biar, son víctimas del estado de las cosas que ha devenido de toda la debacle de mala gestión política en las últimas décadas en el estado español. Son víctimas que están dirigidas por políticos.

Los políticos parecen haber olvidado su función pública, representar y servir a la sociedad que los ha elegido para ello. En cambio se antepone los intereses de los partidos políticos, y de los que sustentan económicamente a los partidos y a los políticos, a los de la ciudadanía.

Este es el motivo por el que aparecen como cuarto problema de los españoles.

Volviendo al Casco histórico de Biar, su deterioro estético es cada vez más acusado y se ha acrecentado exponencialmente en las últimas décadas, y esto no ha tenido que ver con el partido político que gobierna en el ayuntamiento, sino con una serie de razones como:

  • la concepción, instalada en los políticos, de que lo cultural no es un bien en sí mismo
  • la torpeza e ignorancia de muchas de las actuaciones promovidas o consentidas desde los gobiernos municipales
  • la inexistencia de protocolos de actuación en la conservación del patrimonio
  • falta de inversión y planificación a largo plazo
  • Inexistencia de un patronato que vele por el patrimonio material e inmaterial de Biar
  • una baja concienciación de la ciudadanía sobre el bien común que supone el hecho cultural

Pero sí, hemos de responsabilizar a los que han tomado las decisiones, y estos deberían de asumir las consecuencias de sus actuaciones que nos afectan a todos los que vivimos aquí, y a los que vivirán después