La televisión es nutritiva

Este texto surge de la canción La televisión es nutritiva, del grupo Aviador Dro de 1983 y del libro Homo videns. La sociedad teledirigida un ensayo de Giovanni Sartori de 1997

Hace unos meses cerraron la televisión pública de Grecia, era una nueva degradación a la que podían someter al pueblo griego, y lo hicieron. Estoy seguro de que no era absolutamente necesario económicamente, era simplemente el símbolo de lo mucho que pueden unos frente a lo poco que pueden otros.

Las televisiones públicas no suelen representar a un pueblo, en España, en los últimos años de democracia, salvo muy contadas ocasiones siempre han sido órganos de propaganda política del partido en el poder; y durante la dictadura era uno más de los mecanismos de exégesis del ideario del dictador y de los principios nacioalcatolicistas de sus acólitos.

Y entonces, ¿por qué me parece tan atronador el cierre de Canal 9?  Como en el caso griego creo que tampoco es una cuestión de dinero. Es cierto que tiene grandes pérdidas y un coste sobrevalorado. Y todos sabemos que esto es consecuencia de la actuación de los mismos que ahora la cierran.  Esto no habla más que de la incompetencia de los que gobiernan.  Son muy malos gestores, mientras hubo dinero no les importó malgastarlo, y ahora que no hay no saben cómo mantener algo que ellos han roto.  ¿Serán juzgados en alguna ocasión los responsables del dispendio en las administraciones? Y no solo por mí, y no solo condenados por mi desprecio, sino también con castigo punitivo, con cárcel, con multas, con inhabilitaciones.  En el libro de Jonathan Swift, Los viajes de Gulliver, en Brobdingnag, el país de los gigantes, el rey al escuchar como era el sistema judicial inglés se asombra de que la justicia en el mundo occidental solo sepa administrar castigos, y nunca se premie, que solo juzge las malas actuaciones, pero nunca se premie las buenas conductas; en este caso se debería de punir duramente a los políticos que nos han sumido con su incompetencia, con su impericia y con su egoísmo a sufrir una crisis económica, social y cultural inmerecida, unir su castigo a un premio al pueblo español que tanto lo merece, premiar al español con la existencia como individuo, permitir que la vida cualquier español sea importante.

La televisión valenciana es, o era, nutritiva para los mil setecientos empleados que allí trabajaban y para otros que trabajaban para ella. Sí, eran muchos, pero eso no es culpa más que de unos pocos que los contrataron, muchos de ellos hicieron oposiciones que aprobaron que les afirmaban en sus puestos, otros muchos fueron contratados por pertenecer al partido político que ahora los despide, y en algunos casos eran pequeños comisarios políticos que se encargaban de mantener la ortodoxia del mensaje propagandístico del Partido Popular y de su cabeza en jefe del momento. Para todos ellos Canal 9 era nutritivo, era un salario seguro a final de mes era un modus vivendi al que difícilmente se renuncia; y ahora nos parece que su desgracia los exculpa, “no se les podía pedir ser héroes” e ir contra los comisarios políticos. Pero sí se les puede pedir que hubieran dicho no. Decir “no” cuando podían no era tanto. Hace cuatro años cuando no existía Ley de reforma laboral ni seis millones de parados, no era tan difícil, era una palabra de dos letras que significa que no, que no hay porqué decir sí cuando es que no. Todos sabían que la televisión valenciana se estaba degradando, que llegaría un momento que al ser de tan baja calidad no sería difícil suprimirla, reducirla a la nada y cerrarla.

Sísifo, rey de Éfira, fue condenado por los dioses a la ceguera y a empujar eternamente una piedra monte arriba, cuando llegaba a la cima la piedra caía, y éste debía repetir la acción de subirla, una y otra vez, sin descanso y sin fin. Este es el absurdo mundo del trabajo sin sentido. Mil setecientos sísifos han perdido la piedra, ya no pueden subir eternamente la colina, ni recibir el premio o castigo de la nutrición que conllevaba el trabajo absurdo.

Y esa pérdida tiene consecuencias también para los valencianos. Los homo videns valencianos ya habían hecho lo que debían: dejar de ver Canal 9. Había pasado de un porcentaje del 20 al 4%. Habíamos hecho lo poco que podíamos hacer que era demostrar que se estaba haciendo mal. Existe otra posibilidad respecto a hacer televisión, y esta es que se haga bien. Cuando la televisión valenciana desaparezca no existirá la posibilidad de tener una buena televisión valenciana.

Hace cincuenta años Américo Castro se interrogaba sobre ¿el quién de los españoles?, su tesis era que el español surge como grupo al conformarse una sociedad de castas, más o menos a partir del siglo XIII, castas organizadas alrededor de la religión: cristianos, judíos y musulmanes. El ser castellano, aragonés o navarro y más tarde español, estaba definido por el ser cristiano, frente y también por las interacciones con el ser judío o el ser musulmán.  ¿Qué es ser valenciano? De alguna forma está también definido por su situación frente a otros dos grupos, ser valenciano, en cierto modo, es no ser castellano y no ser catalán.

El ser valenciano es más fuerte en la provincia de Valencia que en Castellón o Alicante. El papel de Canal 9 no siempre ha sido positivo, es más, sí se creó con un objetivo fundamental de cohesionar y generar un quién propio, pero la preeminencia de lo valenciano como provincial (de Valencia ciudad incluso) frente a lo valenciano como nacional generó animadversión en las otras dos provincias que veían excluidas del yo valenciano sus propias idiosincrasias.

El idioma congrega a un pueblo, la adopción del toscano como italiano o la del castellano como español generaron grupos sociales más cohesionados al tener en común algo tan fundamental como era el idioma desde el que te entiendes con los otros.  Canal 9 también había renunciado al valenciano. En aras de conseguir mayor audiencia se pensaba que el castellano (desde 1995 con los gobiernos del PP el acercamiento a lo castellano es patente) era mejor, daba mayor posibilidad de público. Y no es cierto, muchos valencianos castellanoparlantes crecieron viendo dibujos animados en valenciano, y les gusta, y no quieren verlos en castellano, son valencianos a los que la lengua valenciana, aunque no sea la utilizada en su comunicación, tiene una componente sentimental que los hace más valencianos, quieren oír valenciano cuando ven dibujos animados y quieren oír valenciano cuando ven televisión.

Volviendo a la pregunta inicial, ¿la televisión es nutritiva?, ¿la televisión es una primera necesidad humana? Sí, lo es. Si en el milenio anterior, la escritura y el libro fueron los transmisores de la cultura,  la señal de que se acababa el milenio fue la invención de los medios de comunicación y en particular de la televisión, ahora la televisión y la imagen es la forma de aprehensión de la cultura de casi la totalidad de la población mundial. Ha supuesto la universalización de la cultura y del conocimiento. Pero la televisión no es inocua, la televisión es también una poderosa herramienta siempre en manos del poder económico. En la película de Sidney Lummet, 1976, Network, Un mundo implacable, podemos oír de un presentador que se subleva contra la cooperación que se ha quedado con un canal independiente, y se subleva con un valor de héroe, como lo hicieron los empleados de Canal 9 el día que se anunció su desaparición:

«HOWARD BEALE: El televisor es el evangelio, es la última revelación, […] el televisor tiene el más imponente y maldito poder que existe en nuestro desorientado mundo, y ay de nosotros si llega a caer en manos de los malvados […] no busquen la verdad en la televisión, nosotros les diremos cuanto quieran oír, mentimos cuanto hablamos»

Y la contestación del millonario que compra la cadena de televisión es demoledora:

«ARTHUR JENSEN: Usted es un viejo que sólo piensa en términos de naciones y pueblos. No existen naciones, no existen pueblos. No hay rusos, no hay árabes. No existen terceros mundos ni Occidente. Existe únicamente un gran sistema de sistemas. Un vasto y salvaje entretejido, intercalado, multivariable, multinacional dominio de dólares. Petrodólares, electrodólares, multidólares. Marcos, yenes, libras, francos y rublos. Es el sistema internacional monetario, que determina la totalidad de la vida en este planeta. […] Ya no vivimos en un mundo de naciones e ideologías, señor Beale. El mundo es un colegio de corporaciones, inexorablemente dirigido por los estatutos inmutables de los negocios. El mundo es un negocio. […]

Porque lo único que existe es lo que la televisión nos dice que existe. Y esto vale igual para un producto de consumo que para una opción de pensamiento»

Dicho en 1976 resulta más doloroso oído en 2013.

Solo es necesario que alguien frene el paso en una larga cola para deshacerla, solo es necesario un púlpito para que te oigan