Hacer la labor de hacer el cuerpo

8 cos enganxat de Alex Francés surge no tanto como una fractura en su obra sino, como una nueva articulación en su cuerpo de artista. La paradoja es la forma de esa nueva articulación: es una articulación que le permite nuevos movimientos para sus extremidades; es una nueva articulación para una nueva serie de posibilidades.

Como forma de pensamiento, la paradoja permite tomar como válidas todas las ideas. William Shakespeare, Oscar Wilde o Agustín de Hipona son ejemplos de la persistente utilización de la contradicción y de cómo cuando es reiterada lleva implícita la afirmación oculta.

Las contradicciones son propias de la labor de artista y marcan los asuntos sobre los que se fundamentan las obras de arte: el objeto/cuerpo del arte, la construcción de la imagen, el proceso de creación, el lugar del espectador, la polisemia de las imágenes o lo sensual y lo sensitivo en la percepción.

La primera de las paradojas de esta serie de Alex Francés es que son obras creadas para ser contempladas principalmente por ciegos; obras en las que la mirada no es cautiva del sentido de la vista, tampoco ajena; obras deudoras de todos los sentidos y sensaciones, y de ninguno en especial; obras que propician la elaboración de mapas cognitivos; obras para el intelecto.

En su Relato de la producción, nos cuenta el autor como tras asistir a un curso de labores, borda un mantel con la silueta de su cuerpo. En 1990 hizo un pequeño dibujo con puntos, que es la base para este bordado (El banquete, 2012). Continúa confeccionando obras utilizando labores tradicionales (ganchillo), y empieza a fabricar objetos informes, en principio, que recuerdan órganos internos del cuerpo, órganos innombrables hasta ese momento, que ejecutan funciones necesarias pero desconocidas, que son partes de su cuerpo, que son las partes que permiten hablar de su cuerpo.

Surge así la primera de las obras, 8 cos enganxat. Se trata de varias piezas hechas en ganchillo con hilo de palangre. Su forma se debe en gran parte al propio proceso de elaboración: la tensión de un cordel tan fuerte como el palangre tensa el objeto y el resultado es la combinación entre la forma querida por el artista y las impuestas por la materia.

Un intento anterior de montar un cuerpo es el fotomontaje Escucha la voz de Buda, detén tu sericultura (1993), en el que las imágenes, que son fragmentos de su cuerpo ensogado, concluyen un rompecabezas que tiene apariencia de imagen completa pero en la que se ven incongruencias en la continuidad de la soga que lo envuelve. Es una pieza que sirve de autorreferencia en la idea que va surgiendo conforme avanza la producción de piezas: construir un cuerpo-imagen propio. Hasta ahora Alex Francés había trabajado de forma continuada con la imagen de su cuerpo, con una imagen literal, colocándose en escenas o escenarios, marcando la paradoja de la relación de un entorno natural y su cuerpo, unidad mínima del artificio social.

En esta nueva etapa no se trata solo de referenciar su cuerpo, sino de elaborar un cuerpo a base de objetos-imágenes-órganos. Se crean como órganos al llamarlos órganos y al materializarlos y darles una función que los designe, que los defina y habilite. No es crear un hombre, no es moldear con arcilla o hilo la figura de un ser humano, no se trata tampoco de ir creando pies y brazos y cabezas y montar el rompecabezas de un ser humano; su labor de tejer un cuerpo está más cercana a crear un diccionario, un tesauro de funciones propias del individuo y de las partes en las que puede ser dividido o multiplicado, sumado o restado, integrado o derivado. En este caso, la labor del artista no se reduce a crear los objetos-imágenes-órganos, sino también a la elaboración de las normas gramaticales que permiten crear las oraciones tomando como palabras las imágenes.

Los objetos-imágenes-órganos se agrupan en tres obras-partes-corporales, en tres series nombradas y tituladas; son cada una de ellas las partes que componen un cuerpo:

En 8 cos enganxat los objetos que lo conforman son los del interior del cuerpo; son corazones, bazos, vejigas, pulmones o hígados, los que desarrollan las funciones de un cuerpo orgánico. En un cuerpo literal desarrollarían funciones asignadas: purificación sanguínea, funciones digestivas o reproductivas; pero en un cuerpo imagen son órganos que se definen a través de la mirada del espectador y el resultado de la definición puede ser incierto, incluso contradictorio. La percepción de cada espectador es cada una de las acepciones semánticas posibles del diccionario corporal.

Negro alude a un sustento para el cuerpo, un esqueleto que mantiene la coherencia y la integridad, que agrupa el cuerpo y que marca sus confines desde dentro; es la parte dura del cuerpo. Las piezas están organizadas en dípticos: cada par de objetos es complementario, no contrario; marcan a través de la paradoja su contenido funcional y semántico, brillo/mate, pintado o no, abrupto/redondeado. El esqueleto es aquello que más perdura del cuerpo cuando el cuerpo no tiene vida.

Armadura elaborada, y laborada como exoesqueleto, delimita el cuerpo, lo protege, lo visibiliza y le permite una inserción social. Italo Calvino en Il cavaliere inesistente presenta al caballero perfecto, cumplidor de todas las normas, correcto en todas las actuaciones, invencible en la batalla y, sin embargo, carente de cuerpo. El caballero perfecto solo es su armadura; en su interior solo la voz, no tiene cuerpo; él es solo las acciones que realiza, las palabras que pronuncia, los pensamientos que elabora. En la armadura de Alex Francés cada parte que la compone es cada una de las funciones y virtudes de un cuerpo pero sin el cuerpo mismo.

La labor primordial del artista es situar la mirada en lo que no es mirado.

8 es una pieza sin cuerpo, es un objeto inmaterial. Es un registro de las relaciones que los objetos-imágenes-órganos tienen con sus espectadores. Es una experiencia que hasta ahora solo tiene tres capítulos: Nuria, Ricard y Vicens. Tres personas invidentes, dos de ellas de nacimiento, que durante una conversación con Alex Francés van recibiendo de sus manos objetos pertenecientes a cada una de las partes y van hablando sobre ellos.

Hay mucha diferencia en los comentarios de quienes en algún momento de su vida han visto y de los que no. Nuria, que ha visto, intenta encontrar similitudes en las formas con cosas conocidas: flores, brazos, cabezas; mientras que Ricard y Vicens van tocando los contornos de los objetos con delicadeza, sin prisa. Elaboran una topografía de las formas, que les permite luego componer una imagen global, una imagen construida sin la aportación del sentido de la vista. La morfología de los órganos que Alex les va presentando es completada con una serie de informaciones que provienen, además del tacto y del olfato, de la conversación que se establece entre los dos. Alex explica como los ha confeccionado y Ricard le habla de lo que sugiere el tacto de una superficie brillante. Cuando Nuria cree haber reconocido una forma orgánica habla de cómo después de treinta años ha olvidado casi la imagen visual de la misma y de cómo ahora construye sus imágenes con una mezcla de recuerdos y emociones.

Y luego estamos nosotros, espectadores de la experiencia, miradores de los que miran. Asistimos a una actividad estética como voyeurs, mirones de la apreciación de la belleza, porque los objetos-imágenes-órganos son bellos, atractivos, tanto a nuestra vista como a su tacto. Y también está la belleza del movimiento de las manos sobre las obras, de las facciones de las caras de quien no ve y de quienes los miran, de los silencios mientras se toca y de las palabras.

Hemos traspasado ya una década del nuevo milenio, es la segunda vez que la cultura cristiana lo hace, y en esta ocasión no parece que nadie dé una importancia especial a este hecho. Se están cambiando todos los paradigmas, no sabemos si asistimos a un cambio tan radical en el conocimiento y la cultura como el que se dio con la aparición de los nuevos medios de comunicación (cine, radio, televisión) el siglo anterior. Pero con estos medios de transmisión de la información hemos pasado de un atesoramiento del saber sobre la base de la palabra a una preeminencia de la imagen como elemento básico en la aprehensión de la cultura actual.

Una imagen es una referencia intelectual de una realidad y, como tal, la imagen puede tener múltiples formas, puede ser comprendida pero no explicada, puede ser almacenada en la parte inferior de la corteza cerebral o en el corazón, puede ser una mentira o una verdad, o lo que queramos o lo que necesitemos. Pero esta propuesta artística trata de ampliar o delimitar la definición de imagen hablando de ella, y hablándolo con personas que construyen sus imágenes de forma muy distinta, hablando y mirando con ciegos.

La filosofía clásica, a partir de Platón fundamentalmente, otorgaba al arte la función de imitar la naturaleza mediante la construcción de objetos o imágenes capaces de representarla. Esta función tan corta del arte lo ceñía a un acto notarial, a dar fe de la belleza de la creación divina.

El artista, el intelectual, lleva siglos alejando esta concepción simple de lo que constituye el arte. Es Oscar Wilde en La decadencia de la mentira, en 1890, quien propone que “la vida imita al arte mucho más de lo que el arte imita a la vida. ¿Qué es, en efecto, la naturaleza? No es una madre fecunda que nos ha dado la vida, sino más bien una creación de nuestro cerebro: es nuestra inteligencia lo que le da vida a la naturaleza. Las cosas son porque nosotros las vemos, y la receptividad así como la forma de nuestra visión dependen de las artes que han influido en nosotros”.

El arte señala lo que la mente percibe; no sabríamos reconocer belleza si el arte no la hubiese marcado.