Del cálculo numérico a la creatividad abierta

El Centro de Cálculo de la Universidad de Madrid

 

El cálculo es una investigación que se hace de algo por medio de operaciones matemáticas

La ciencia y las humanidades, -no tanto así las artes-,  en España durante el siglo XX han sido como el río Guadiana, que pasa parte de su recorrido fuera de la vista, y en  ocasiones vemos sus ojos. El Centro de Cálculo fue un río emergente entre el erial de la dictadura franquista, un lugar de creación científica, artística, músical, lingüística o arquitectónica, donde el empeño de sus investigadores tuvo el premió de la creación en libertad. En una España pobre de miras, aletargada por el pensamiento único, con una universidad vergonzante, con asesinatos de estado, encarcelados de conciencia y bajo la más absoluta de las miserias morales y vitales, pudo construirse un espaicio para la libertad.

Incluida la libertad para reunirse, las reuniones en España estaban prohibidas.

El Centro de Cálculo era un espacio físico, real donde podían reunirse todas las personas que quisieran compartir tiempo, ilusiones y conocimientos. Y de esa posibilidad de reunión, y de la necesidad de compartir nacieron los Seminarios del Centro de Cálculo.

Los seminarios del Centro de Cálculo fueron, en muy poco tiempo, convirtiéndose en un punto de encuentro indispensable en el panorama cultural español, y en palabras de Javier Seguí de la Riva:  “No se como se pusieron en marcha seminarios, y yo iba a todos, porque me interesaban todos, aunque estuviera más involucrado, o tenía más responsabilidad en el de arquitectura, realmente en todos los seminarios estábamos hablando de lo mismo: como algoritmizar procesos, algunos de los cuales no estaban analizados fenomenológicamente, [...]   Otra cosa importante era que allí había otra gente que, aunque no lo formulara así, estaba por lo mismo. Me sentía formar parte de un colectivo interesado que generaba energía. Lo más importante era la transmisión de información, ¡he leído un libro!, y uno iba al libro que había leído el otro. Ese clima era el que a mí me parecía absolutamente fantástico. [...] Allí nos reuníamos todos los días, a medida que iba pasando el tiempo nos íbamos juntando más personas, aquello interesaba, ¡aquel viene a oler!, ¡aquel viene a aprovecharse!, la cosa es que estábamos allí, y la cosa se fue acumulando, y al final era una fiesta alucinante de gentes, y todos participábamos en todo. Esa es ahora mi visión, la visión retrospectiva de aquella situación, y es la que me gusta contar, porque ahí no hay personajes ni protagonistas es solo una masa, donde unos hacían unas cosas, y otros otras, pero el conjunto lo que fabricaba era esa especie de buen ambiente que nos hacía ir con alegría todos los días allí a participar de las cosas que habían en el Centro de Cálculo de la Universidad de Madrid y así estuvimos mucho tiempo”

La irrupción del cálulo númerico automático, la computación, y su aplicación práctica e inmediata a muchos ámbitos de la investigación fue posible gracias a utilización de un lenguaje abstracto como el de las matemáticas que ha permitido acercamientos novedosos hacia algunos aspectos del conocimiento para los que hasta principios del siglo XX se utilizaba el lenguaje verbal. Las matemáticas han sustituido a la palabra en ciencias puramente descriptivas como eran la biología, la física, la geografía o la lógica. Durante el siglo XX el lenguaje se ha situado en el centro del interés científico. Se han situado los bordes del universo junto a los confines del lenguaje, y el esfuerzo por ampliar el universo ha sido posible gracias a las potencialidades de lenguajes abstractos como la música, los números o las imágenes, podemos hablar de Igor Stravinsky o Pablo Picasso como grandes intelectuales del siglo XX sin ninguna extrañeza.

Esta importancia del lenguaje como eje central de la investigación en el siglo pasado fue una de las vías más importantes en el Centro. La irrupción de la gran novedad de la segunda mitad del siglo fueron las teorías sobre gramática generativa. Las obras de Noam Chomsky: Syntactic Structures, 1957;  Aspects of the Theory of Syntax, 1965 y Cartesian Linguistics, 1965, era de lo que se hablaba en los seminarios de lingüística o en los encuentros de lógica.  Pero también en el resto de seminarios. En los seminarios se habló también sobre la introducción de las computadoras en distintas facetas de la enseñanza o la medicina. Desde el propio Centro de Cálculo se diseñaron los planes de estudios para una nueva rama del saber Ciencias de la computación, especialidad que ya estaba presente en algunos de los planes de estudio de universidades de otros países, pero nueva en España. Supuso la introducción de los ordenadores en la creación artística, musical o arquitectónica.

Los seminarios que de forma, más o menos reglada y con desigual continuidad, se organizaron en el Centro de Cálculo fueron:

Ordenación de la construcción. 1968-69

Valoración del aprendizaje. 1968-69

Lingüística matemática. 1968-71

Composición de espacios arquitectónicos. 1968-72

Generación de Formas Plásticas. 1968-74

Aproximación de funciones. 1969-70

Enseñanza de ordenadores en secundaria. 1969-71

Autómatas adaptativos. 1969-71

Música (1a fase). 1970-71

Música (2a fase). En el Centro de Cálculo hasta el 74. En la Facultad de Informática de la Politécnica. 1972-80

Enseñanza programada asistida por ordenador. 1970-71

Proceso de información médico-sanitaria. 1970-71

Compilación. 1970-71

Modelos para simulación de sistemas educativos. 1970-71

Información médica obstétrica. 1971-72

Planes de estudios universitarios en Informática. 1972

Aplicación de la informática al estudio del fenómeno OVNI. 1972

 

Resulta inmensurable el impacto que supuso sobre muchas de las personas que pasaron por el Centro el iniciarse en el uso de las computadoras para el desarrollo de sus investigaciones posteriores. Pero la computación es, o al menos lo fue, algo más que la simplificación de las tareas repetitivas; en aquellos años se generaron estéticas computacionales, teorías sobre las comunicaciones, sistemas de información y muchas de las formas del conocimiento que en este siglo XXI se desarrollan se iniciaron en estos momentos.

Personalidades como Abraham Moles, Max Bense o Negroponte, pasaron por las aulas del Centro, pero lo que era realmente destacable no eran las figuras estelares que pudieran dar brillantez a una experiencia como esta, sino la organización no jerárquica de los seminarios.  No había jerarquías en la distribución física de los espacios, nadie estaba en el púlpito, nadie hablaba desde la cátedra, las mesas configuraban un espacio igualitario, la palabra la tenía áquel que quería decir algo, y no habían profesores ni alumnos.

Si bien había un empeño en los responsables de la gestión del Centro: el de que todos los que por allí pasaban aprendieran lenguajes de programación, el Fortran IV. Lenguaje que solo José Luis Alexanco, entre los artistas, y algún futuro arquitecto como Guillermo Searle aprendieron a programar. Como dice Violeta Demonte, participante en el seminario de Lingüistíca matemática, ellos no vieron la computadora de cerca, nunca utilizaron la máquina, no les era necesario, ni muchos fueron allí por ella, pero lo cierto es que sí estaba, aquella 7090 amplió el horizonte creativo de muchos de los que entendieron que se encontraban frente al cambio de paradigma más profundo en el intento de comprensión del mundo.  Las computadoras cambiaron la forma de crear, pero también las posibilidades de comunicación, la forma de aprehender la naturaleza, y han supuesto un cambio para la cultura humana mayor al de la aparición de la escritura, o al de la reprouctivilidad mecánica de la misma, la imprenta.

Por el Centro de Cálculo pasaron innumerables científicos, artistas o humanistas, que impulsaron sus acitividades, personas de reconocido prestigio que en mayor o menor medida aportaron sus conocimientos a esta experiencia, y resulta imposible citarlos a todos, pero debemos poner en valor la labor de Florentino Briones (primer director del Centro de Cálculo), Mario Fernández Barberá (responsable designado por IBM para la gestión de los acuerdos de esta empresa con la Universidad de Madrid) y Ernesto García Camarero (director de los seminarios desde su creación y director del centro desde 1973).