Centro de Cálculo de la Universidad de Madrid.


  • Patrimonio
Lugar: 
Centro de arte complutense - madrid
2012 Pamplona - Alicante - Valencia
MAD Madrid
España

Del cálculo numérico a la creatividad abierta. 1965 - 1982

El cálculo es una investigación que se hace de algo por medio de operaciones matemáticas

La ciencia y las humanidades, -no tanto así las artes-,  en España durante el siglo XX han sido como el río Guadiana, que pasa parte de su recorrido fuera de la vista, y en  ocasiones vemos sus ojos. El Centro de Cálculo fue un río emergente entre el erial de la dictadura franquista, un lugar de creación científica, artística, músical, lingüística o arquitectónica, donde el empeño de sus investigadores tuvo el premió de la creación en libertad. En una España pobre de miras, aletargada por el pensamiento único, con una universidad vergonzante, con asesinatos de estado, encarcelados de conciencia y bajo la más absoluta de las miserias morales y vitales, pudo construirse un espaicio para la libertad.

Incluida la libertad para reunirse, las reuniones en España estaban prohibidas.

El Centro de Cálculo era un espacio físico, real donde podían reunirse todas las personas que quisieran compartir tiempo, ilusiones y conocimientos. Y de esa posibilidad de reunión, y de la necesidad de compartir nacieron los Seminarios del Centro de Cálculo.

Los seminarios del Centro de Cálculo fueron, en muy poco tiempo, convirtiéndose en un punto de encuentro indispensable en el panorama cultural español, y en palabras de Javier Seguí de la Riva:  “No se como se pusieron en marcha seminarios, y yo iba a todos, porque me interesaban todos, aunque estuviera más involucrado, o tenía más responsabilidad en el de arquitectura, realmente en todos los seminarios estábamos hablando de lo mismo: como algoritmizar procesos, algunos de los cuales no estaban analizados fenomenológicamente, [...]   Otra cosa importante era que allí había otra gente que, aunque no lo formulara así, estaba por lo mismo. Me sentía formar parte de un colectivo interesado que generaba energía. Lo más importante era la transmisión de información, ¡he leído un libro!, y uno iba al libro que había leído el otro. Ese clima era el que a mí me parecía absolutamente fantástico. [...] Allí nos reuníamos todos los días, a medida que iba pasando el tiempo nos íbamos juntando más personas, aquello interesaba, ¡aquel viene a oler!, ¡aquel viene a aprovecharse!, la cosa es que estábamos allí, y la cosa se fue acumulando, y al final era una fiesta alucinante de gentes, y todos participábamos en todo. Esa es ahora mi visión, la visión retrospectiva de aquella situación, y es la que me gusta contar, porque ahí no hay personajes ni protagonistas es solo una masa, donde unos hacían unas cosas, y otros otras, pero el conjunto lo que fabricaba era esa especie de buen ambiente que nos hacía ir con alegría todos los días allí a participar de las cosas que habían en el Centro de Cálculo de la Universidad de Madrid y así estuvimos mucho tiempo”